La entrevista fue realizada antes de un concierto ofrecido por Inti-Illimani en el Royal Concert Hall de Glasgow el 5 de marzo 2000, en homenaje a Víctor Jara. El autor de la entrevista, Jan Sverre Knudsen, es musicólogo, becado por la Universidad de Oslo para investigar el rol que la música ha tenido y tiene dentro de la comunidad chilena de Oslo, desde 1973 hasta nuestros días.

 

 Inti-Illimani

Entrevista con
Jorge Coulón

 

Inti-Illimani
(Jorge Coulón a la izquierda, con zampoñas)

 

Por Jan Sverre Knudsen
 


¿Qué impresión tienes tú de las comunidades de chilenos en Europa y qué significa la música para ellos?

Es una pregunta bastante compleja porque implica casi una impresión de todo lo que es la vida del exiliado, del exiliado que incluso sin quererlo, sin darse cuenta se empieza a transformar en un emigrado y con una historia larga como la del exilio chileno con una situación de una familia que crece en otro país y ya se empieza a transformar en una típica historia de emigración, más que de exilio. Entonces creo que es una situación bastante compleja, no sé si sea correcto decirlo, pero también bastante rica de elementos y de cosas. Cuando la emigración es voluntaria o en alguna manera por busca de trabajo, en el origen de la emigración hay una decisión de la persona. Cuando el origen de la emigración es el exilio hay una situación no querida; entonces también la relación anímica, psicológica con que la persona se enfrenta a su situación es distinta. Porque tampoco la gente que emigra quiere emigrar, pero toma una decisión, entonces se enfrenta con un ánimo diferente a la emigración. Pero cuando no ha tomado esa decisión, sino que esa decisión le fue impuesta, el ánimo con que se enfrenta es muy negativo, no en el sentido peyorativo de la palabra, sino de no aceptar una situación que él no eligió. Entonces su relación con el país que dejó, se transforma en una cosa mucho más... de aferramiento. Y en ese sentido yo creo que se produce una mitificación del país. Los chilenos que viven fuera de Chile sobretodo los de origen de exilio, tienen un mito de Chile. Un mito de un Chile que no existe realmente. Que existe más bien en su imaginación o en su necesidad de tener un salvavidas, algo de que aferrarse. Entonces yo creo que en eso la música juega un papel casi ritual, religioso.

¿O sea que la música mantiene ese mito de cierta manera?

Yo creo que lo mantiene y lo alimenta, pero también la música deja de cumplir la función que cumple en una sociedad normal y pasa a cumplir una función mucho más importante o mucho más central de que la misma música es capaza de soportar. Asume una responsabilidad. Por ejemplo, las canciones de repente nacen con una cierta espontaneidad, frescura, no son como los edificios, son más bien como las plantas. No sé, una sinfonía puede ser un edificio, pero una canción es más bien como una flor y nace con más espontaneidad y sin embargo adquiere esta calidad de monumento, que a lo mejor las canciones no pueden resistir, se transforman en cantos míticos también. Y figúrate tú en la situación nuestra, en el caso de las canciones de Víctor Jara. Él mismo como figura, en su destino trágico, sus canciones que de repente pudieron haber sido una cosa frágil y delicada, e incluso efímera, se transforman en una cosa tremenda, porque simbolizan a Víctor Jara, simbolizan lo horrible que fue la muerte de Víctor Jara, simbolizan también toda la tragedia de Chile, la tragedia de un tiempo, de una generación. Entonces también adquiere una dimensión que yo creo que es difícil manejar y con la cual todos tenemos que hacer cuenta también de él, porque tampoco podemos ignorarlo, tampoco podemos abandonarlo, no podemos decir "bueno ya no cantemos más Víctor Jara".

¿Tú todavía lo cantas?

Claro, desde luego. Porque además de un gusto, las canciones de Víctor Jara son muy bonitas, pero fuera del gusto normal de cantar una canción hay una responsabilidad también, porque si nosotros no cantamos a Víctor Jara de alguna manera estamos colaborando con su olvido. Y nosotros no queremos que se olvide, queremos que viva.

En las peñas culturales de la comunidad chilena de Oslo muchas veces se escucha una que otra canción "clásica" de Violeta Parra o Víctor Jara. Como cualquier actividad musical, esas elecciones musicales pueden provocar diferencias de opinión o contradicciones.  Por ejemplo,  cuando una persona sube al escenario de la Casa Cultural Chilena y canta canciones de esa época, cargadas con asociaciones políticas, emocionantes y tal vez nostálgicas,  hay gente que dice que esa persona está "pegada en el pasado". Luego hay otros que dicen que es necesario enfrentarse con el pasado de esa manera, por medio de
las canciones ¿Tienes algún comentario sobre esa expresión "pegado en el pasado"?

Mira, es una situación tan... en Chile sucede también, no es un problema sólo de afuera. Yo me imagino que el problema afuera de Chile se exacerba, se hace como más agudo, toma dimensiones distintas. Pero también en Chile existe esta contradicción, entre la necesidad evidente y natural de que el tiempo pase, de que la historia cambie y por otra parte esta situación de responsabilidad histórica que se tiene. Te digo que las canciones son las víctimas, porque deberíamos pedirle mucho menos a una canción. Estas canciones tienen demasiada responsabilidad, más de lo que una canción puede soportar. Pero eso es evidente. Ahora, yo no sé, creo que sucede un poco, y seguramente sucede como sucede en las comunidades Amish en los Estados Unidos, que tienen que mantener una fidelidad a una situación, pero el mundo a su alrededor está vivo y está cambiando también. Yo no sé, tengo la idea, a lo mejor sería interesante hacer un estudio de las comunidades valonas en Suecia, que llevan ahí muchos siglos. Entonces se podría investigar también cuánto quedó o cuánto se perdió con el paso del tiempo.

¿Crees entonces que las comunidades en el exterior de cierta manera son mas conservadoras?

Lo son, necesariamente, claro.

¿Porque el pasado significa otra cosa para ellos?

Ese pasado, yo no sé, suena como el pueblo hebreo huyendo de Egipto. Hay una necesidad que yo creo que es una necesidad que está en todas las sociedades humanas de una identidad, de una cosa que nos mantiene y esa identidad, tú lo ves, a mí me interesa mucho todo el problema hebreo, tú ves como para ellos es una necesidad y al mismo tiempo es un peso. Si tú lees escritores como Philip Roth, tantos escritores judíos que reniegan de los hebreos pero al mismo tiempo son tremendamente ligados al problema e incluso negando el problema de la identidad cultural y yo creo que eso sucede en una medida tal vez menos bíblica, más terrenal con estas comunidades chilenas. Que son conservadoras, son conservadoras, pero yo no lo diría en un termino político, sino que viven en un estado de conservación. Ahora yo creo que si la cosa no se transforma en una cosa patológica, es una riqueza que tienen. Cuando se transforma en una cuestión obsesiva ya es un límite.

Para ir a otra cosa, yo leí una entrevista con los Inti, hace algunos años, donde dicen que la vuelta a Chile fue una desilusión ¿Te acuerdas de eso?

Sí, pero también eso fue en un sentido un poco humorístico. Porque tú te haces una imagen... necesitas una imagen mítica. Cuando tú regresas a Chile, de partida uno nunca regresa completamente, porque claro nosotros salimos de un Chile y volvimos a otro, nosotros también éramos otras personas.

¿Ustedes también tenían una imagen mítica de Chile?

Claro y ligada además a un tiempo que ya no existe, ligada 15 años atrás. Pero viviendo allá, nosotros ya llevamos 11 años viviendo en Chile, tú entras en la vida que cambia y esto te va tranquilizando, te va integrando a la rutina, a la normalidad de un país, estás cambiando siempre. El problema de Chile del exilio es que es un Chile que está detenido en un tiempo, ahí quedó. Entonces el exiliado no vive como la vida sigue. Nosotros mismos teníamos un desfase de 15 años con la vida de los chilenos. Todavía en las conversaciones sociales hay una diferencia entre los que vivieron en Chile durante la dictadura y los que estaban afuera. Pero en cosas no solamente políticas, sino que en problemas de la vida diaria. Nombran de repente a un personaje de la televisión y uno no sabe quien era... "Ah, si tú no estabas acá", entonces ese "Tú no estabas acá" te pone fuera, por lo menos, de ese momento de memoria colectiva, tú no haces parte de eso.

Volviendo a la música. La situación de Inti Illimani actualmente ¿cuales son los desafíos para el conjunto ahora?

Mira, lo que pasa es que nosotros no nos planteamos... no programamos ni nos planteamos tal desafío de lograr algo. Nunca lo hemos hecho. Más bien tratamos de vivir la música, de manera que la música nos va presentando alternativas, caminos... siempre ha sido así. Y creo que las cosas menos interesantes que hemos hecho han sido cuando hemos querido hacer algo para lograr un fin. Creo que ahí, hemos hecho las cosas menos vivas, menos vitales. Nos pasó por ejemplo como el año 76 en donde hicimos un disco que se llama "Chile Resistencia", en que era un disco muy pensado así de hacer canciones útiles para la resistencia. Y sí, son interesantes pero tienen una falta de frescura, de vitalidad. Después de esa experiencia, preferimos ir haciendo lo que nos gusta, lo que nos llama la atención, lo que nos pasa también a nosotros. Si tú quieres ser el intérprete de una sociedad no lo consigues. Cuando tú eres el intérprete de ti mismo consigues conectarte con la sociedad también. Nosotros en este momento estamos entre dos cosas. Por una parte la idea de que el conjunto y su idea musical, su punto de vista musical, respecto a la música latinoamericana siga viviendo incluso más allá de que cambiemos, y por otra parte sin saber si eso es posible, entonces talvez el conjunto muera con nosotros, digamos, en la medida que no sigamos cantando los más viejos, no sé, talvez el conjunto desaparezca, no sabemos que va a pasar respecto a eso. Pero del punto de vista musical estamos muy vivos, mucha vitalidad. Tenemos en Chile una vigencia muy fuerte, tenemos un público muy joven y es un público joven que va también detrás de lo musical pero también detrás de la historia, también por una necesidad de identidad y porque el pasado, la época nuestra en Chile ya es un mito. Y el conjunto también de cierta manera es un mito.

Pero estamos, bueno, de un punto de vista más que musical, productivo, estamos como poniendo orden a todo lo que hemos hecho. Vamos a hacer una publicación de los discos más antiguos, de los trabajos anteriores al 73. Vamos a reeditar los discos tal cual, las mismas grabaciones, pero en discos compactos. Estamos ordenando toda la producción, porque teníamos discos por aquí y por allá y no hemos sido muy sistemáticos. Entonces estamos como ordenando toda la producción musical. No sabemos si esto va a significar, cuando ya estemos completamente ordenados, que a lo mejor cerremos la puerta. No sabemos. Depende de las ganas, de la salud también y de tantas cosas y de la gente nueva que haya. Qué entusiasmo, qué interés y que capacidad tengan.

He notado que después de los años en el exterior, también introdujeron otras culturas en la música. Los instrumentos cimbalom de Hungría y mbira de África, por ejemplo.

Sí, pero creo que eso es natural. Lo interesante es que volviendo a Chile y en todos estos años que hemos estado viviendo en Chile y en América Latina, el texto de las canciones ha pasado a tener importancia más que en el exilio. La lírica de las canciones ha recuperado una importancia en los conciertos. Porque nosotros durante muchos años cantábamos para una audiencia que no entendía el español. Entonces en esa época el canto era casi un instrumento más y ahora nuevamente la relación del público con las canciones es distinta. Es diferente porque la gente sigue cada palabra, cada frase. No solamente musicalmente, sino también como contenido. El texto adquiere una independencia y eso es interesante.

JORGE COULON

Nacido en Temuco-Chile el 21 de noviembre de 1947.
Estudiante de Ingeniería Eléctrica en la Universidad Técnica del Estado.

Secretario de Folklore del Centro de Alumnos de la Universidad durante 1966 donde formó un grupo musical estudiantil, en el que también estaba Horacio Durán, del cual en cierta forma derivó Inti-Illimani.
Fundador del conjunto en 1967.
Instrumentos: voz, guitarra, tiple, arpa, dulcimer, rondador.

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